Seguro que más de uno habrá escuchado alguna vez en boca de sus abuelas aquello de “no bebas tanta agua en las comidas”. Pero, ¿qué hay de alarmante en esta preocupación tan extendida entre la tercera edad? ¿Cómo se debería distribuir su consumo?

“Sin duda, la creencia de que el agua pueda engordar más o menos en función de cuándo y cómo se tome es un absoluto mito. El agua es un excelente acompañante en las comidas y, no solo no engorda (ya que el agua tiene 0 calorías), si no todo lo contrario: aumenta la saciedad y nos ayuda incluso a comer menos”, aclara la doctora Rocío Mateo, investigadora del Instituto de Investigación Sanitaria de Aragón (ISS Aragón).

Está claro que las necesidades de consumo de agua dependen de diferentes factores, como el sexo o la edad. En el caso de los niños, la recomendación de los expertos es que consuman dos litros de agua al día, mientras que en el caso del adulto este debería beber hasta dos litros y medio. “Un consumo de dos litros en una mujer sería suficiente, mientras que si está embarazada, debería consumir hasta casi medio litro extra”, aconseja.

¿Cuándo conviene hidratarse?
Independientemente del momento del día, lo más importante es tomar líquidos cuando se necesita. Así pues, esta doctora aclara que “se puede repartir el consumo de agua (o líquidos) a lo largo del día como queramos, pero siempre teniendo en cuenta si existe alguna circunstancia por la que tengamos que reponer más líquidos”. Por ejemplo, si se ha hecho ejercicio a mitad de mañana, conviene hidratarse después.

Sin duda, otro de los principales factores que influyen en la cantidad de líquidos a ingerir es la temperatura ambiental. En trabajos o actividades en las que estemos expuestos a altas temperaturas es cuando más precaución hemos de tener. En estas situaciones, deberíamos tomar hasta medio litro más de agua que la cantidad recomendada. “Es importante evitar la deshidratación, porque en función de su grado de severidad puede tener graves complicaciones para la salud. No hay que esperar a tener sed, que es el primer signo de deshidratación, si no que hemos de ir reponiendo líquidos de acuerdo a nuestras necesidades”, puntualiza Mateo.

Recordemos también que los niños y los ancianos son grupos de riesgo en los que la hidratación es especialmente importante también en invierno. En los primeros, porque realizan más ejercicio y pueden tener menor consciencia de la necesidad de hidratarse; y los segundos porque, por diversos factores, “disminuye su sensación de sed y el riesgo de deshidratación es mayor”.

No hay que olvidar nunca que el agua no es la única fuente de hidratación y que otros muchos alimentos de nuestro día a día nos ayudan a reponer líquidos. No solo bebidas como el café, los refrescos o la cerveza, sino algunos alimentos como la lechuga o los espárragos tienen también un contenido muy alto en agua, y son una “excelente fuente de líquidos para mantenerse bien hidratado” a lo largo de la jornada. Así pues, los médicos de Atención Primaria insisten en que estar bien nutridos e hidratados es tan importante en invierno como en verano, ya que contribuye en esta época del año a no coger catarros manteniendo una buena inmunidad. 

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