Lo común es entender la infidelidad como una acción egoísta, ejecutada por un impulso sexual incontrolado, por una venganza o incluso por un acto de maldad. A pesar de la creencia popular, la realidad es que tales casos son la excepción.

Detrás de una infidelidad se pueden esconder móviles psicológicos muy complejos que marcan una crisis y que llevan a muchas parejas a solicitar ayuda psicológica (si es que estas parejas no se han roto ya antes).

Si la decisión es la de seguir adelante, no es extraño que se aborde la construcción de una nueva relación, o su reinvención, con otros valores que sustituyan a aquellos que llevaron a que los lazos anteriores fracasaran. ¿Existe algo positivo en todo esto? En los casos en los que la persona infiel se siente culpable y la pareja se encuentra devastada, el psicólogo especializado en terapia de pareja, Edward Monte, advierte: “Por favor, no pidáis el divorcio. Esto puede ser una oportunidad”

Afrontar el porqué de una infidelidad es doloroso y puede dejar pasmados a los miembros de la pareja que desconocían los detonantes verdaderos. Por ello, el escritor y presentador de televisión, Alain de Botton, se atreve a enfrentarse a este delicado asunto desde una perspectiva original y, en parte, poco ortodoxa.

Muchos preferirán quedarse en los argumentos corrientes. Si no puedes perdonar a aquella persona que te hizo tanto daño, quizás prefieras no continuar con estas líneas. Si, por el contrario, no puedes evitar la curiosidad, sigue leyendo.

A mi lado, pero lejos
“Ni contigo ni sin ti”. Detrás de la frase repetida en tantas canciones de amor, bajo diferentes fórmulas, se esconde una importante certeza: la dificultad de conciliar nuestra realización personal, que nace de nuestro ego, con nuestras necesidades afectivas: “En una relación cada uno de los miembros necesita una delicada mezcla entre dos ingredientes muy diferentes: cercanía y distancia”, explica el escritor.

El sexo, los gestos de afecto o incluso las acciones cotidianas realizadas con nuestro compañero o compañera son fundamentales para nuestro bienestar y para nuestra autoestima. De especial transcendencia es también que nuestra pareja tenga acceso a una parte de nuestro pensamiento y que exista la sensación de que ambos miembros se conocen bien mutuamente.

Lo dramático es que, al mismo tiempo, queremos sentir que tenemos un espacio exclusivamente nuestro al que nadie tiene acceso y del que nadie puede hacerse dueño. En definitiva, nuestra vida afectiva es paradójica y en buena manera frágil.

El equilibrio entre ambos componentes es muy delicado y una oscilación en la relación hacia una cercanía exagerada o hacia una distancia muy marcada puede ser el desencadenante definitivo que lleve al desastre.

La identidad en riesgo
En el primer caso, es decir, cuando la relación se vuelve excesivamente cercana y no queda mucho espacio para el desarrollo personal, está en peligro el yo del propio individuo. Afirma Alain de Botton: “En una relación demasiado estrecha podemos llegar a sentir la necesidad de demostrarnos a nosotros mismos que no todo lo que hacemos y lo que somos es propiedad de nuestra pareja, que somos todavía deseables para el mundo exterior e independientes”. La psicóloga Sonali Gupta, precisa: “En mi experiencia tanto con hombres como con mujeres les he escuchado describir las razones que les llevaron a tener una aventura y qué habían sacado en claro de ello: ‘he descubierto una parte de mí mismo que creía que había perdido”.

Qué duda cabe que una manera elemental, instintiva e inconsciente de hacer tangible un deseo similar es el de irse a la cama con una nueva persona. El problema es grave si lo pensamos detenidamente, pues estar inmerso en una relación posesiva pone en peligro la personalidad del individuo, la supervivencia, incluso, de su propia identidad, que se puede estar diluyendo en la pareja y que conduce a que el subconsciente tome el control.

La autoestima amenazada
En el lado opuesto, una distancia demasiado marcada es, igualmente, un posible móvil para el adulterio. Nos reflejamos en nuestra pareja y una constante sensación de rechazo por el otro amenaza muchos aspectos afectivos. Se da así una trágica paradoja señalada por el autor suizo: “Al final podemos acabar traicionando a nuestra pareja no porque ya no la queremos, ¡sino porque la amamos!”.

La distancia impuesta puede resultar insoportable y humillante y la contradicción más absoluta ocurre cuando el amante descubre la traición y acusa al otro de no quererle… cuando ha sido el excesivo afecto el que ha provocado la infidelidad.

Conciliar las expectativas
Muchas parejas deciden romper porque sienten que las perspectivas de ambos miembros estan demasiado diferenciadas y son entre sí irreconciliables. Lo cierto es que rara vez se da el caso en que dos personas se vean inmersas en una pareja tengan las mismas expectativas.

Buscar por todos los medios a alguien que tenga una interpretación del amor idéntica a la nuestra, con las mismas necesidades de proximidad y distancia, puede ser una causa perdida y el camino equivocado para encontrar la felicidad y la estabilidad afectiva.

Es una constante, sin embargo, que los componentes de la pareja se acusen mutuamente de ser demasiado posesivos o demasiado distantes. Sucede en la mayoría de relaciones, lo que denota que detrás de todo se encuentra un problema de comunicación que, sin embargo, se puede solucionar.

Señala Alain de Botton: “Posesivo y frío son términos equivocados y dañinos para definir dos modos diferentes de sentirse cómodo en el amor”. Transmitir el verdadero punto de vista sobre el afecto y asumir las consecuencias de nuestra forma de ser es la forma de afrontar una relación de pareja adulta. Concluye el escritor suizo: “Solo de esta manera podemos asegurarnos que nuestras divergencias no nos lleven a un bar o a un chat; hacia una situación en la que una infidelidad nos parece la única solución”.

Por último, si la pareja no puede resolver sus diferencias, no es mala idea incluir una tercera persona bajo la forma de un especialista. Señala Gupta: “En una terapia las parejas pueden volver a definir sus necesidades, redescubrir el significado de lo que comparten, crear puntos de unión, encontrar la manera de volver a conectar, desarrollar confianza y generar la esperanza de una vida juntos”.

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